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Rod’s Report

EL SIDA, ¿QUE COJONES ES EL SIDA? 

Yo ahora voy a cumplir 45 años y, a veces, me cuesta creer que he vivido con el SIDA en mi mente más de la mitad de mi vida.  Es algo que me ha afectado de muchas maneras y con sentimientos muy encontrados.

Algunas veces pienso que ha sido una maldición pues me ha llevado ha hacer y plantearme ciertas cosas de una manera muy diferente a la que, de otra manera, habría hecho, y otras, por lo contrario, que ha sido una bendición, porque tuve que tomar otras decisiones de las que no me arrepiento en absoluto y que es muy probable que no las hubiera tomado.  Otras veces, no pienso nada al respecto.  Indiferencia.  Cada uno tiene que vivir su vida y así es como me tomo las cosas: experiencias personales.  No me gustaría parecer “reduccionista” al usar éste término, porque, la verdad, creo que mi vida no ha sido una vida ordinaria.

He hecho muchas cosas que muy poca gente ha hecho.  Yo se que he hecho y experimentado con cosas que han puesto mi cuerpo y mi mente al límite de lo que podían aguantar.  Orgulloso? No, no me siento orgulloso como tal.  ¿Equivocado? No lo se.  ¿Puede uno equivocarse en algo cuyo transcurso y final no está definido?  Simplemente viví las experiencias que me proporcionó el camino que seguí.  Podría haber cojido otros caminos llevándome por otros derroteros pero…no lo hice.  ¿Habría sido mi vida diferente?  Seguramente.  Pero no habría vivido ni experimentado lo que he vivido y experimentado.  Y eso es algo que no me lo puede quitar nadie.  Mis experiencias, buenas o malas blandas o duras, son únicas y a mi solo me pertenecen y a nadie mas.  Y por supuesto que quiero seguir experimentando más sensaciones puesto que es lo único que me voy a llevar de mi efímera estancia en este planeta como “materia orgánica pensante y auto-desplazable”.

Es por esto que voy a relatar aquí mi vida a grandes pinceladas para que sirva de inspiración y ánimo a otras personas que tengan miedo o tengan sus mentes ofuscadas por la ponzoña con la que nos han saturado.  Es sorprendente que después de todos estos años y todos los millones que se han dilapidado, no se haya avanzado un ápice en esta materia.  Aunque bien pensado, a lo mejor si que han avanzado en demostrarme, y esta vez si que lo he sufrido en mi carne, de que su “lucha contra el sida” no es tal.  Es su lucha para mantener su status quo cuyas consecuencias las sufrimos los que estamos “al otro lado de la barrera”.  Esta última frase sí que ha sido bastante reduccionista.

El fantasma del SIDA me salpicó en 1986-7 cuando me diagnosticaron con HTLV III o algo por el estilo, alrededor de los 22 años de edad.  Recuerdo que cuando me dijeron el resultado del análisis me quedé atónito.  Creo que no pensé en nada.  Solo tuve un sentido como de vértigo, de “tierra trágame”.  “Bueno, ya está” pensé después de un rato.

Yo, y todo el mundo pensaba que esos análisis eran para detectar el virus del SIDA.  Fue una época de incertidumbre, transición y por supuesto, terror.  Muchos de mis conocidos y amigos murieron durante esa primera época de un modo fulminante de SIDA.  Generalmente morían de neumonía poco después de saber de su estado de VIH positivo. Esto generó la pregunta en mi mente de si murieron por pensar en morir; sé de los efectos poderosos que la mente y las creencias personales pueden ejercer sobre la salud del individuo.

Sin embargo, durante el transcurso de la consulta, me dijeron que había dado “positivo a los anticuerpos” y que eso no significaba una “sentencia de muerte” (¿sabían ellos algo en aquel entonces que haya sido silenciado ahora?).  Por supuesto, pensé, si tengo anticuerpos, esto significa que estoy vacunado y que ¡no lo puedo coger de nuevo! Al menos, eso es lo que aprendí en Biología sobre el funcionamiento de la vacunación: hacer que el cuerpo produzca anticuerpos específicos para un determinado agente patógeno con el fin de controlar y combatir ese agente infeccioso.  Entonces, sabiendo esto, ¿Qué podría temer?  A si que seguí en mi camino “autodestructivo” sin pensar mucho mas en ello.

Poco después, el discurso de los especialistas de medicina interna cambió y me ofrecieron “tratamiento” para ayudar a mi cuerpo a erradicar “el virus” con Retrovir, alias, AZT.  Yo, sintiendo curiosidad, pregunte qué era eso.  Me dijeron que esta “medicina” era muy sofisticada.  Que, básicamente, mataba células, y que como se supone que hay más células no infectadas que infectadas, eventualmente, esa medicina acabaría con todas las células infectadas.  Caí en la cuenta que esto se parecía a la quimioterapia, pero yo creía que las probabilidades eran bastante buenas, así que acepté.  Me imaginé que funcionaría como una especie de “lejía biológica” que eliminaría montones de células, buenas y malas por igual, pero con la esperanza de que al final yo terminaría con suficientes células buenas. ¡Que iluso!

Yo estuve en ese tratamiento por un corto período, quizás dos o tres meses. Era verano, que yo recuerde. Me retiraron de ese programa debido a mi falta de adherencia al mismo.  Nadie puede pretender que un adicto metido hasta el cuello en drogas intravenosas se apegue a algo. Uno esta siempre con el “camello” (vendedor de drogas), o drogado, o “pasando” (vendiendo) drogas, o despertándose en un hospital o en la Cruz Roja después de una sobredosis” entubado ” por todas partes, sin cumplir con las citas, etc.… en una palabra, un caos.  Tal vez sea por eso que yo no recuerde ningún efecto secundario desagradable de aquella época, y si los tuve, seguramente que los habría confundido con los efectos del uso de heroína tales como náuseas y quedarme como un esqueleto andante.

Después de un tiempo de estar esperando morirme, tanto por mi uso de drogas, / estilo de vida como el por el “virus”, me harté de todo eso y decidí comenzar a vivir.  Me pareció una opción bastante inteligente porque era jodidamente difícil morirse.  Además, yo era consciente de la miseria que me estaba causando a mí mismo y a la gente a la que le importaba algo.  Así que tomé la decisión de desintoxicarme en los años 1989 y 1990 y comenzar de nuevo.  Me di cuenta de que no había tenido adolescencia.  Me di cuenta de que había perdido una década de mi vida (tengo grandes lagunas en mi memoria de todo ese tiempo, incluso años enteros borrados de mi mente) albergando resentimiento contra mí mismo y contra una sociedad en la que, de alguna manera, sentía que no encajaba.  Y en la que todavía no encajo.

En marzo de 1991 decidí hacer borrón y cuenta nueva, y me trasladé al Reino Unido por varias razones, entre ellas mi deseo de no sufrir el estigma social del VIH/SIDA.  Fue en ese año que Freddie Mercury murió de SIDA.  Honestamente, me “cague por la patita abajo”.  Pensé que si esta persona, con todo su peso financiero, había muerto de SIDA, ¿qué posibilidades tendría yo de llegar a ser un “viejo gruñón”? Porque así es como yo me represento mentalmente.

Fue un gran golpe a mi confianza, porque incluso en ese momento, tenía serias dudas sobre el virus del SIDA.  Yo sabía desde antes de que el virus entrara en escena que mi estilo de vida seria suficiente para matarme y que era sólo cuestión de tiempo.  También tenia conocimiento de algunas parejas donde uno o ambos son seropositivos y, sin embargo, tenían hijos seronegativo, lo cual ponía en tela de juicio la transmisión sexual de “la infección”…  Nos tomó un buen tiempo a mí y a mi esposa decidir tener nuestra propia familia.  Ahora tengo dos encantadoras hijas de cinco y tres años respectivamente gracias al trabajo investigativo y a las palabras de animo de una persona que en cierto modo admiro pero que aun no conozco personalmente.

¿Dónde estaba? Ah sí, Freddie Mercury.  Así, en 1992, me enteré que había un proyecto de investigación con un nuevo enfoque de tratamiento, eran los comienzos de las terapias combinadas.  El proyecto se llamaba DELTA.  En el, uno recibía ya fuera AZT con ddC y ddI o un placebo mas dapsona, creo que era así.  Por tanto, teniendo a Freddie Mercury en mente, pensé que no tendría nada que perder si entraba al DELTA.  Pensé que, “puede ser, que ahora los médicos sepan más”. ¡Iluso otra vez!

Poco después de empezar a tomar las píldoras, había tantas pastillas que tomar, empecé a experimentar un lento decline de mi salud en general.  No me sentía con fuerza para mantener un trabajo estable y el régimen de las píldoras tampoco ayudaba: eran demasiadas.  Sin embargo, lo más preocupante fue que empecé a perder el cabello, perdí poder de concentración, estaba desorientado, no sabia si iba o venia… y cosas por el estilo.  Pensé que estaba desarrollando el SIDA.  Era una correlación fácil de hacer.  Uno toma los medicamentos esperando mejorar, ¿cierto?  Pero en lugar de eso tu salud declina… y uno no sabe por qué, a no ser que sea el VIH.  Uno entra en una espiral retroalimentada de enfermedad y miedo y está dispuesto a probar cualquier otra cosa para ver si ocurre algo diferente.

Sin embargo, tuve la suerte que esa espiral se rompió cuando me fui a casa de vacaciones a España durante 1992-3.  Esto sucedió en dos ocasiones, por lo que pienso que estuve en el DELTA unos seis meses o algo por el estilo.

En España, por primera vez no puede seguir el tratamiento.  Tenía demasiados compromisos sociales.  El caso es que al final de mis vacaciones me sentí mucho mejor que cuando estaba en el Reino Unido siguiendo el tratamiento.  Pensé que quizás fuera la cocina de mi madre o tal vez el tiempo, quién sabe.  Cuando regrese a Londres y reanudé la rutina de tomar las pastillas experimenté, de nuevo, un decline en mi salud.  La segunda vez que me fui de vacaciones, olvide los frascos con los comprimidos sobre la mesa del comedor.  Huelga decir que me sentí mucho mejor durante las vacaciones.  Por lo tanto, tuve que eliminar ciertos factores de esa ecuación; de por qué era que me sentía mucho mejor en España que en el Reino Unido.  Me di cuenta de que no podía llevarme el clima español al Reino Unido ni la cocina de mi madre, ni la vida social, pero si que podría dejar de tomar las pastillas como hice durante las vacaciones en España.

Así estuve hasta mediados de 1993, cuando, por pura coincidencia o mi facilidad para analizar, me di cuenta de que cuando iba a España de vacaciones me encontraba mejor que cuando volvía al Reino Unido.  La primera vez pensé que seria el clima o la comida de mi madre.  La segunda vez pensé que si no sería porque se me olvidaba tomar las píldoras.  A mi vuelta al Reino Unido, solo necesite unos pocos días para experimentar los efectos de la “medicación” y decidí, unilateralmente, suspender mi participación en DELTA llevando todos los botes de píldoras al hospital y le dije al médico que para morir no necesitaba ayuda y que se me ocurrían mil y una maneras de matarme mucho mas divertidas que morir emponzoñado como un conejillo de indias.  Bueno, el caso es que funcionó y no he tomado nada desde entonces hasta el 20 de mayo de 2008.  Ya volveré sobre esto.

Yo creía que estaba solo, perdido en esa situación hasta que un día, a mediados de los 90 alguien me presto un ejemplar de la revista “Continuum” de Londres.  Fue como un soplo de aire fresco.  Parecía ser que no era yo solo el que dudaba de todo el tinglado montado acerca del SIDA.  Más aun, me reafirmó mis primeras impresiones y el discurso de los disidentes acerca de la causatividad del estilo de vida para el desarrollo del síndrome, cobró sentido.

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